Twitter no es para adultos

A principios de Septiembre, salió la noticia de que Twitter iba a implementar la posibilidad de ocultar mensajes antiguos. Bajo la premisa de evitar que “buceen en nuestro pasado” y aumentar la “privacidad social”.

Lo primero que alguien podría pensar relativo a la “privacidad social” es que, amén de cierto regusto a oxímoron de manual, cuando se comparte algo en RRSS, es precisamente porque se quiere compartir algo en RRSS.
Se supone que la persona, antes de darle al botón de publicar, ha leído el texto, lo ha revisado y según el tema, incluso ha meditado sobre ello y las posibles consecuencias.

Y todo esto, también aplica punto por punto en lo referente a la ocultación de mensajes. Cuanto públicas de forma libre y voluntaria en las RRSS, no debiera ser motivo de vergüenza hayan pasado dos horas, dos días o dos años.

Pero claro, para que este razonamiento tenga sentido, hay que partir de una premisa fundamental: considerarnos personas “medianamente” maduras que, actuando de forma libre y sin coacción, aceptan las consecuencias que pudieran acarrear tanto sus actos como opiniones.

Pues bien, Twitter no parece tenernos en tal alta consideración y acude al rescate.

Da igual la sandez, estupidez, falsedad o calumnia que publiques. Una vez hayas exprimido sus réditos sociales en forma de likes, retuits o seguidores, lo podrás ocultar sin penalización alguna. Se cierra uno, por no decir el ÚNICO medio para tratar de minimizar el impacto de los miles de demagogos, falsarios, calumniadores y reyes de las fake news que pululan a sus anchas por Twitter Land.

Hasta ahora, el poder recurrir a lo publicado en su momento por cada persona,”podía” -muy entre comillas según de quién se tratara- suponer algún tipo de freno a la hora de escribir ponzoña. Y en el caso de que el personaje en cuestión no tuviera ningún escrúpulo, mostrar los mensajes para desacreditar e invalidar dicha ponzoña. A su vez, también permitía poder comprobar la coherencia, factor muy importante en según que casos, a la hora de aceptar o adherirse a unas ideas o colectivos.

La ironía de todo, es que el motivo para implementar esta medida es, según la propia Twitter “evitar la toxicidad”. Aunque el verdadero motivo lo exponen a continuación:
“Cuando no se satisfacen las necesidades de privacidad social, las personas limitan su autoexpresión. Se retiran de la conversación”.

En romano paladino: no tengas reparos en decir lo primero que se te ocurra, da igual que sea una sandez o directamente mentira, si luego te arrepientes, lo ocultas y aquí paz y luego gloria.

No querían toxicidad, se viene a garrafas.

Acabo, también con la tristeza de ver como en medios de comunicación, se jalea abiertamente una medida que, no sólo aumenta la impunidad dentro de Twitter, sino que además, nos rebaja directamente al nivel de adolescentes incapaces de asumir las consecuencias de sus actos.